martes, 9 de julio de 2013

EN MARCO: Ernesto Cardenal. Poema de ADN nuestro ADAN












HIROSHIMA

En Hiroshima no queda ningún recuerdo de la bomba, salvo
el gran parque conmemorativo en el epicentro.
Después de mi conferencia sobre Nicaragua en Hiroshima (1988)
la conversación con hibakusha (víctimas): Suzuko Namata:
"Vi un color muy bello, como arco-iris", me traducen.
Hiroto Kuboura, sin un ojo. Tenía 19 años entonces.
"Fue una luz azul muy intensa", dice.
Michito Yamaoka, a 800 metros del epicentro:
como el flash de una cámara fotográfica sobre sus ojos.
"Tantos cuerpos con intestinos de fuera, como salchichas.
Desde entonces no he podido comer una salchicha."
Truman lo supo mientras almorzaba. Brindó allí mismo.
                Ojos chorreando derretidos.
                                 Piel colgando como algas negras.
Cuerpos engusanados como un montón de arroz.
           Sin casas Hiroshima se vio chiquita,
           muy cerca las montañas que la rodeaban.
Shozo Muneto, hibakusha, dice:
                "Ahora toda la humanidad es hibakusha."