miércoles, 1 de agosto de 2012

BINOCULARES: Mario Arteca ^ José Carlos Yrigoyen. Poemas de: Arteca + Yrigoyen


MARIO ARTECA

Circular
 24

Igual a un génesis surge
un “ampo de leche”.
Otra vez Herrera, cuando lo releo
como lo leo. Y donde surge
un “ampo de leche”.
Porque si fuese un “campo de leche”
Estaríamos ante una figura, pasteurizada
por la poesía, situación que no interesa.
Y así caer en la paráfrasis de Rimbaud:
“La poesía no tiene edad,
nada más se desplaza”. Y qué hago yo
revisando un texto de este muchacho,
sino desplazarme. “Porque estar parado
significa la muerte”. Desde donde
se nos habla en el momento
de transferirnos un sentimiento confuso,
una instantánea del inconsciente.
O un deslizamiento hacia el corazón
del entramado, en el momento
de transferirnos, otra vez,
un sentimiento confuso. Lo mismo
si se piensa que no se puede ser amante
de la verdad, a menos que aborrezca
la multitud; para luego caer de un timón
al silogismo. Pero como siempre la parte
no hace al todo, la secuencia se corta,
la forma da paso al formato,
y cierta dureza se desenoja,
contrae la materia.

Tal cosa sucede mientras
la paráfrasis de Rimbaud
(“la poesía no tiene edad,
nada más se desplaza”)
desenrolla un hilito ontológico.
Cuando termina de desenrollarse
hay lo que se dice un “campo de leche”.
Pero no debe entenderse eso como
la paráfrasis de un verso de
Herrera y Reissig, porque no se abunda
en citas “a salto de mata”.
Debe entenderse lo que se entiende,
pues ese hilo, en verdad hilito,
es producto de un deslizamiento.

 
JOSÉ CARLOS YRIGOYEN

A  RCA, en sus treinta años

Esto tiene que hacerse así.
De modo narrativo. Sin secretos:
como si nadie hubiera encontrado
todavía la manera de cortarle
de golpe cualquier posibilidad
  al intelecto,
como ignorando que con el tiempo
nos vamos pareciendo más
a una casa vieja y vacía
—claro, vacía si no contamos
a los murmurantes fantasmas
que habitan en ella: jugadores
de tercera clase regresando
a los camerinos con la anatomía
cansada. Un juego donde
a la mitad ya nos declaramos
vencidos y pensamos cuál será
la mejor manera de terminar esto.
(Eso, eso es: una coda será
la mejor forma de terminar esto)
Porque esto debió hacerse
de recuerdos y deseos
—al igual que la ciudad donde
este año pasaste el invierno.
¿Recuerdas en tu habitación ahora,
luego de la fiesta, los cuerpos 
que amaste como se finge
una enfermedad, las imágenes
sucesivas de cada uno
de esos cuerpos apenas iluminados
por el televisor, entre las que
ascendió, sin poder controlarlo,
el interminable cielo 
de las incómodas opiniones 
ajenas sobre uno mismo? 
Si hubo un mecanismo oculto 
para ser conscientes de todo eso
—el corredor luminoso que forman
dos piedras al chocar entre sí—,
puedo decirte que hoy, todos
juntos, hemos acabado con él.
Hemos bailado, haciendo remolinos
en el aire, descongelándonos
los labios con ardientes mentiras, 
apartando con desdén el odioso 
cuaderno en blanco de la verdad,
escrito compulsivamente
por una mano que nunca,
de ninguna manera, puede ser 
la nuestra. Por eso hemos bailado
los cinco toda esta noche, por eso 
cuando más tarde estemos 
dormidos soñaremos con un país 
donde el dialecto que hablan todos
lleva el nombre de metáfora. 
Y te prometo que bastará con eso
para que seamos felices. No habrá
otra certeza, ni casas rodantes 
abandonadas en la periferia
de la mente, ni la persistencia
del pájaro picoteando un cerebro
en el jardín. Todos nuestros 
demás sueños, vivencias, canciones,
no serán más que alimento
para el fuego.

 

Imágenes: Presentación del libro "Los Duelos de una Cabeza sin Mundo"

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El libro "Los Duelos de una Cabeza sin Mundo" se presentó en la 17 Feria internacional del libro de Lima. 
Estuvieron presentes (de dere. a iz.): el poeta José Carlos Yrigoyen quien tuvo a cargo la presentación 
del libro, el autor Ernesto Carrión y el coeditor (Tribal) José Córdova.